Por: Marianela Castro Nieto
En el pasado mes de septiembre, un grupo de ocho viajeros me acompañó en el que sería uno de los viajes más preciados de mi vida. Como historiadora y amante del mundo antiguo y del Egipto ancestral, recorrer la tierra de los faraones, iniciando nuestro viaje en El Cairo y terminando con un crucero de tres días por el Nilo, desde Asuán hasta Luxor, representó cumplir uno de mis más grandes sueños.
Visitamos los monumentos más emblemáticos que han logrado sobrevivir durante milenios y que aún se mantienen en pie, reflejando un dorado matizado que se proyecta desde el cielo gracias a los rayos del disco solar, el dios Amón-Ra, tan adorado por los egipcios. Vimos la magnificencia de las pirámides de Guiza y Saqqara con miradas perplejas e inocentes. Nos deslumbramos con la majestuosidad de los templos, como Karnak y Luxor, Kom Ombo y Edfu. Percibimos la sensación de eternidad en Abu Simbel. Lo eterno era una realidad en la cosmovisión de los antiguos egipcios, y sus templos y edificaciones lograron plasmar lo atemporal de forma extraordinaria.
Navegamos por las aguas del Nilo, las mismas que una vez recorrieron Hatshepsut, Ramsés y Alejandro Magno. Y en nuestra visita al pueblo nubio, nos bañamos en el Nilo, imaginando que en el pasado la reina Cleopatra también se sumergió en sus aguas. Mi lugar favorito fue la isla de Philae. Allí, rodeada por el Nilo, vi el tiempo detenerse. En el Templo de Isis me sentí inmensamente agradecida por estar allí, en el último templo donde se adoró a esta diosa madre, después de que fuera clausurado en el siglo V por Justiniano.
Nos acompañaron durante todo nuestro recorrido dos guías arqueólogas expertas, Manal y Fatma, quienes compartieron con nosotros una mirada más profunda del Egipto faraónico. En los rincones de los templos descubrimos secretos ocultos para el turista habitual. Con maestría y claridad, aprendimos a ver Egipto con los ojos de los aventureros que, después de conocer la tierra de Kemet (la “tierra negra”, como la llamaban los primeros egipcios), se sienten atados para siempre a ella.
Fue nuestro primer viaje como parte de nuestro programa de Viajes Culturales Siwa. Elegimos ese nombre en honor a nuestros pueblos originarios, donde el concepto Siwa nos conecta con la historia como huella de la cosmovisión ancestral. Pero Siwa también nos recuerda un oasis en Egipto, lugar donde se hallaba el templo sagrado de Amón, visitado por Alejandro Magno para honrar al milenario Egipto.
Este es el primero de muchos viajes. Agradecemos a la Agencia de Viajes Egipto Profundo y a Egypt VIP Travel por hacer de esta travesía una de las experiencias más conmovedoras de nuestras vidas, porque quien viaja a Egipto regresa transformado.
2 Comentarios
Marcelle
Me encantó!!! Casi senti tus sentimientos. Espero unirme al próximo!!
Centro Cultural
Te esperamos, este próximo Miércoles 26 de noviembre, tendremos una reunión informativa del próximo viaje, podés reservar por WhatsApp al 6218 8050